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La Universidad de Guadalajara que sus estudiantes quieren y merecen

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Seguir en la tierra

Por estos días, estudiantes pertenecientes al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) sede La Normal de la Universidad de Guadalajara, hablan, plantean problemas y discuten sobre la universidad que quieren y merecen. Algunos años antes ya lo habían manifestado ante la decisión unilateral de las autoridades universitarias de trasladar todas las carreras del CUCSH al otrora triste y gris CUCSH-Belenes, situado en la periferia de Guadalajara.

Se quejaban de las dificultades que acarrearía a cientos de estudiantes dicho cambio: más gasto en el transporte, más tiempo en los traslados, incompatibilidad de horarios con sus labores cotidianas, falta de seguridad en las aceras y al interior del centro universitario, entre otras problemáticas. El cambio trajo un efecto inmediato, como lo han manifestado no pocos ex-estudiantes de carreras que ya se encuentran en CUCSH-Belenes: la deserción.

Por ese entonces no se les escuchó, antes bien su voces y miradas desaparecieron ante el optimismo autoritario de quienes vendieron la idea de que el CUCSH-Belenes sería “el lugar adecuado para formar a los humanistas y científicos sociales del siglo XXI”.

Ante este desprecio, el 9 de mayo de este 2023 decidieron tomar las instalaciones de CUCSH-La Normal. Para que lográsemos voltear a verles y escuchar su palabra, se cubrieron el rostro. Exigen condiciones dignas para sus estudios universitarios. Su pliego petitorio es, por donde se le vea razonable: rehabilitación del campus La Normal, mantenimiento de aulas, equipamiento tecnológico, comedor universitario, facilidad de transporte, oferta académica flexible a las necesidades del estudiantado, no a la criminalización de sus acciones políticas y que su palabra sea tomada en cuenta en los asuntos universitarios. Ninguna mente abierta, democrática y racional podría rechazar estas peticiones.

Su consigna “CUCSH no se mueve” es mucho más que la negativa a que la División de Estudios Históricos y Humanos, a la que pertenecen las carreras de antropología, historia, geografía, letras y filosofía, la cuales se encuentran en CUCSH-La Normal, sea trasladada al campus CUCSH Belenes. Están cuestionando el abandono de estas carreras, enfatizando el aspecto material donde puede observarse éste: las instalaciones universitarias. Pero lo más relevante es que están poniendo el acento en una demanda crucial: la democratización de la toma de decisiones en la Universidad de Guadalajara.

La discusión que está de fondo comienza con que son conscientes del actual empobrecimiento intelectual de las universidades derivado del proyecto de hacer de éstas corporativos empresariales a través del poder político. Lo que discuten las y los estudiantes en paro es la mercantilización de la universidad, proceso que supone que sus estudiantes sean ignorantes de la represión, enajenación y desorientación teórico-práctica que padecen por medio de la capacitación estandarizada de los sistemas de certificación y calidad globales impuestos a las universidades.

Por eso luchan. Alzan su voz contra quienes les ignoran, descalifican (encapuchados les dicen) y conciben solo con una cifra: 2 mil 600. Su lucha es por el conocimiento para todas y todos en condiciones dignas; para eso exigen una universidad abierta y libre. De ahí que su petición crucial para iniciar un diálogo sea el reconocimiento de su protesta: firma y cumplimiento por parte de las autoridades de ‘No represalias’. En resumen: que se tome en serio su capacidad para hablar, plantear problemas y proponer la universidad que quieren y merecen.

Esto no debería sorprendernos. Todas las universidades públicas del país están pasando por estas problemáticas desde hace décadas. Los paros, huelgas, protestas, mítines y marchas estudiantiles por una universidad libre y abierta están registrados en la historia reciente. Al contenido de esta historia se ha incorporado la lucha de las mujeres contra el acoso y la violencia. En efecto, la historia de la universidad del siglo XX la han realizado sus estudiantes. Ningún burócrata universitario objetaría que la llamada autonomía universitaria fue producto precisamente de la lucha estudiantil.

Lo que debería sorprender es el silencio de muchos docentes y demás estudiantes ante el paro en el CUCSH-La Normal. Sorprende su falta de reflexividad y crítica ante la ofensiva de los tecnócratas universitarios para impedir impartir educación superior si ésta no está calificada para el empleo globalizado; para convencernos que la educación superior no debe ser gratuita; que antes bien debe ser una inversión; que la universidad del siglo XXI no es para formar gente culta, crítica y responsable con sus comunidades, sino expertos, especialistas y profesionales para el gran mercado.

Sorprende además la incapacidad de maestras y maestros para proponer una intermediación de diálogo, pero, sobre todo, la insensibilidad de las autoridades para conversar ante las peticiones razonables y atendibles de quienes exigen una democratización de la universidad.

No sabemos aún el desenlace de esta protesta. Lo que es una realidad es que ya está prendida la flama de la palabra razonable del paro en otros centros universitarios cuya situación estudiantil e instalaciones, se encuentran en condiciones deplorables. Esta palabra es tenue pero firme, con ella se reanima la vida universitaria, la cual está herida de muerte. Con su acto político-estudiantil por la universidad que quieren y merecen, estxs jóvenes hacen florecer una vez más, la primavera de las y los indignados de la historia.

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