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#HaciendoEcos: Sobre la Asamblea Interuniversitaria en la Universidad de Guadalajara. Reflexiones sobre una rebelión estudiantil

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#HaciendoEcos

De las recientes manifestaciones que han realizado las y los estudiantes en la Asamblea Interuniversitaria de la Universidad de Guadalajara, hay dos aspectos que aún no se han comprendido a cabalidad. El primero de ellos es la incapacidad tanto de la burocracia universitaria como de no pocos docentes, para entender que dichas manifestaciones corresponden a los ecos y reverberaciones que tiene el sujeto político que emergió en la década de los años sesenta en casi todo el mundo: la rebelión estudiantil.

Aunque es verdad que existieron diferencias según los contextos donde surgieron estas rebeliones, como bien lo detectó Hannah Arendt una década después, existió un denominador común en todos los movimientos estudiantiles del planeta: la reivindicación de la democracia participativa. Ese eco, que procede de lo mejor de la tradición revolucionaria a la que la misma Arendt llamó el tesoro [político] perdido, está llena de diversas experiencias: gobiernos autónomos, consejos comunales, órganos políticos independientes, consejos obreros, asambleas y democracia directa. Fue en esa tradición donde inició el desafío a las formas estatistas de poder consolidadas por profesionales y burócratas. La Asamblea Interuniversitaria es heredera de ese tesoro y nuevamente lo saca a relucir porque hay necesidad de hacerlo.

El segundo aspecto que no se comprende es que las manifestaciones de las y los jóvenes estudiantes no están fragmentadas de las realidades locales y nacionales que tiene sumido al país en una acumulación de crisis: desapariciones forzadas, falta de legitimidad de las instituciones, despliegue del poder policial por todo el territorio, guerra contra las mujeres y los pueblos indígenas y violencias sistemáticas contra la cultura popular. En una palabra: el despojo de bienes comunes y de territorios corre en paralelo con el control y mercantilización de las universidades. Por tanto, para entender estas acciones estudiantiles es necesario comprender que las mismas son parte de la resistencia de los pueblos. La ofensiva neocolonial contra los pueblos se combina con la explotación laboral y el control de poblaciones que habitan las universidades, por lo que la protesta juvenil debe inscribirse en ese escenario.

Esta ofensiva se caracteriza por convertir en mercancía el agua, la tierra, los bosques, la cultura y por supuesto, la educación universitaria. En esta última se impone la organización empresarial del conocimiento combinada con la represión y cooptación. Por lo anterior, la lucha estudiantil en la Universidad de Guadalajara, expresa la negativa de las y los jóvenes a ser meros espectadores de la historia, la política y las ciencias que se vinculan con la vida de los pueblos. Se resisten a la despolitización sistemática que se lleva a cabo a través del corporativismo clientelar de la FEU. Ya no soportan que los asuntos de la comunidad universitaria los administre la burocracia universitaria, por medio de lineamientos y directrices políticos del Estado, ni por la discrecionalidad interna que se genera en las dinámicas de poder de quienes controlan la universidad. Denuncian la falta de democracia interna en la universidad y han determinado actuar con la seguridad de ser capaces de cambiar las cosas en esta casa de estudios.

Es por esto último que quienes controlan la universidad, están desesperados por desacreditar a la Asamblea Interuniversitaria debido a que las y los jóvenes están decididos a luchar por democratizarla. Se les acusa de ser violentos, de estar encapuchados, de ser manipulados, pero se dice muy poco de sus prácticas democráticas: asambleas estudiantiles en las cuales se discute y se consensa las decisiones; organización horizontal que hace palidecer la forma en que opera el Consejo General Universitario, a saber, como una maquinaria burocrática y de partido.

Es verdad que la Asamblea Interuniversitaria está en una fase defensiva y de aprendizaje crítico, pero avanza hacia su organización y acción política para lograr su objetivo. Al no entender esto, no han sido pocos quienes no han tomado en serio su propuesta de reformar la Ley Orgánica de la Universidad de Guadalajara. Sin embargo, las y los estudiantes saben que están en un momento decisivo para participar y discutir de manera pública, las nuevas reglas democráticas que regirían la casa de estudios a la que pertenecen.

Lo saben porque las asambleas estudiantiles tienen el potencial de impulsar un cambio radical al interior de la universidad. Todas sus demandas que hemos conocido (educación gratuita, subsidio público a la alimentación, el transporte, derecho a la manifestación, no a la represión, mejoras a las condiciones laborales de docentes), desde las particulares hasta la más universales, abonan al carácter público de la universidad. Cierran el paso al capital corporativo (Conjunto Santander, Telmex) que se inserta en la universidad no solo para beneficiarse de la mercantilización de la cultura y la educación superior, sino para destruir la función social de la universidad. Desde luego, habrá que poner más atención a la acción política de esta rebelión estudiantil que desempolva uno de los tesoros de la tradición revolucionaria: la asamblea.

En resumen, tenemos la obligación ética e intelectual por comprender esta rebelión. Primero, estableciendo el vínculo con el sujeto político surgido en los años sesenta, para luego entender que la lucha por la educación universitaria pública, democrática, gratuita y crítica de las elites, no ha dejado de ser un objetivo de los diferentes movimientos estudiantiles en el país. Además, darse cuenta que es parte de un movimiento más amplio que comprende la lucha por la tierra, el agua, la energía, la cultura y las ciudades. Con esto podremos mirar con mayor claridad que, al interior de la universidad, organizarse contra el clientelismo, contra la idea de ser simples consumidores de servicios educativos o contra la universidad autofinanciable que comprime los salarios de las y los profesores, es un aprendizaje compartido que están realizando las y los jóvenes de la Asamblea Interuniversitaria.

Si hacemos esto, podremos voltear a ver con más respeto a las y los estudiantes quienes nos están mostrando que una universidad para todas y todos se construye luchando en medio de contradicciones, provocaciones y coerción policial. Que en su batalla contra el conformismo y el cinismo y en su camino hacia la democratización de la universidad, están descubriendo nuevas rutas políticas, culturales y éticas para ir construyendo la nueva comunidad universitaria. Y que con su decisión política, se han integrado ya a la historia universal de las prácticas autónomas y democráticas de la gente y los pueblos. Solo así nos puede hacer sentido su lema: “Estudiar y aprender para el pueblo defender”.

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