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El Amor al Bosque es una Lucha Política

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20 años de resistencia del Comité en defensa del Bosque Nixticuil

Seguir en la Tierra

El pasado viernes 27 de junio, en las instalaciones de Impronta Casa Editora, se llevó a cabo el conversatorio Memorias de un bosque en resistencia. Participaron Gloria Muñoz, Mónica Gallegos y Sofía Herrera. Esta actividad fue parte de los festejos por los 20 años de resistir con amor a un bosque que está vivo, cuyo mensaje enarbola un clara y definida lucha política.

En la conversación se habló con cariño de esta resistencia materializada en la ayuda mutua de quienes integran el Comité, de sus faenas cotidianas en la reforestación, el trabajo de guarda rayas, las brigadas contra incendios y la construcción de autonomía en un entorno que criminaliza la lucha.

Quienes estuvimos presente en la conversación comprendimos que la lucha del Comité es una lucha pequeña pero hermosa. Pequeña porque reconoce la existencia de poderes inmobiliarios los cuales han logrado avanzar sobre las más de 900 hectáreas de bosque, campos de cultivo, pastizales, arroyos y ríos, bajo el auspicio de las instituciones ambientalistas del gobierno de Jalisco. Hermosa porque con el cuidado de sus manos, palabra y pensamiento, nos recuerdan que, tal y como se leía en un cartel de la exposición artística Grito Visual que formó parte de la conversación: “otro mundo puede florecer”.

En este festejo, las memorias de Gloria Muñoz, Mónica Gallegos y Sofía Herrera, cumplieron un cometido: no olvidar que la guerra contra el bosque del Nixticuil, es una guerra contra toda la existencia viva de humanos y no humanos. Esta guerra es ejercida en una multiplicidad de espacios y contra procesos de lucha. El capital y los capitalistas, cubiertos de lodo y sangre, usan esta violencia para crecer y recomponerse mientras hacen frente a crisis de su propia creación.

Tanto aquí como en el sur de “México”, en los campos de concentración de migrantes en todo el mundo, en los bosques talados, en los pueblos despojados y en espacios de genocidio los perpetradores tienen nombre y apellido, y en el conversatorio algunos de estos nombres fueron mencionados: Raymundo Gómez Flores, fundador de la inmobiliaria GIG y Beatriz Alfaro, de la inmobiliaria Grupo Guía.

En efecto, fue en la década de los años noventa en que la llamada planificación urbana quedó a merced de los capitalistas locales y nacionales quienes impusieron su modo de hacer crecer la ciudad. El derecho a la vivienda lo convirtieron en un negocio: adquirieron suelo barato en zonas que el estado había identificado como no urbanizables, invirtieron en puestos de elección popular para tejer alianzas con el poder político, aprovecharon las debilidades institucionales de los municipios para cambiar los planes de desarrollo urbano, cuyo resultado fue lo que ahora se denomina dispersión urbana o fragmentos de urbanización basados en el poder adquisitivo de las personas.

Desde el 2005 a la fecha los planes parciales de desarrollo urbano de los municipios siguen abriendo la urbanización a los especuladores. Para el caso de Zapopan, en especial en el territorio del Nixticuil, los cárteles inmobiliarios no solo se apoderan del suelo y del agua, también provocan incendios, contaminan y están desapareciendo el Río Blanco. Sus objetivos de lucrar con la tierra blanqueando el territorio, se puede observar, en palabras de Sofía Herrera, en los actuales “megaproyectos que abarcan 87 cotos y 12 torres de departamentos, además de otros 25 fraccionamientos de menor magnitud y otros 5 enormes edificios verticales que están invadiendo el territorio”. Muchos de estos proyectos llevan, irónicamente, nombres que evocan al bosque mismo como treta publicitaria. Es, dice Sofía, la guerra contra el territorio como modo de ejercer el poder. De ahí la necesidad de conversar para que se escuche fuerte: El Comité ni se rinde ni se vende ni claudica.

Esta lucha cumple 20 años y requiere la articulación intergeneracional de quienes estamos interesados en seguir en la tierra. Por ello, quienes no podemos olvidar las enseñanzas que deja un bosque, la existencia viva de humanos y no humanos, recibimos con responsabilidad la sabiduría de las palabras de Sofía: “No somos materia más importante que la composta de la hojarasca”.

Así como los intereses capitalistas locales están unidos por mil hilos con aquellos que atentan contra la vida en territorios del mundo entero, los colectivos y personas en lucha defensa del bosque están entrelazados con muchas otras luchas. La defensa del bosque del Nixticuil es un nodo de la lucha por la vida misma.

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