
Desaparecer forzadamente a una persona es un acto cruel, una atrocidad incomprensible para los criterios morales, éticos y jurídicos con los que contamos las sociedades de hoy. Los gobernantes, jueces, policías, militares y criminales lo saben. Una crueldad de esa naturaleza, aunque sea noticia nacional, el espectador tiende a rechazarla, negarla u olvidarla pronto. No somos capaces de imaginarla ¿Por qué? porque ante semejante atrocidad el contenido de nuestra idea de mal, injusticia o delito, queda obsoleto. Los funcionarios estatales se valen de esto para crear un negacionismo sobre la desaparición forzada en México. Con su procedimiento oficial, favorecen la ignorancia al respecto y contribuyen a la insensibilidad social.
En los últimos años, han aparecido dos elementos que están presentes en los actos de Estado sobre desapariciones en el país. Uno, se conoce el modo administrativo de operar de este acto atroz y su tecnología: instrumentos de liquidación, borramiento o exterminio de la identidad de las personas desaparecidas. Estos pueden ser materiales, desde crematorios, fosas clandestinas o procesos de desmembramientos, hasta logísticos, como extravío de carpetas de investigación, demora en las fiscalías para la búsqueda u ocultamiento de cuerpos en las instancias forenses. Dos, la política policial del Estado es negarlo siempre y en todo momento. Para ello tiene su lenguaje oficial y sus frases: “No hay una crisis de desapariciones en el país”; “existen personas extraviadas o no localizadas”; “las desapariciones actuales están ligadas a la violencia de grupos delictivos”; “la desaparición forzada era en otros sexenios, en particular, de los gobiernos conservadores”. Con este saber y negacionismo, el Estado mexicano mantiene al país en una situación de indefinido terror; hace posible que esta crueldad sea gigantesca o inconmensurable.
Pero no hay máquina perfecta del horror que no deje huellas. Son estas las que siguen en su lucha las madres buscadoras. Cuando avanzan, se enfrentan a la crueldad gigantesca, la desafían reconstruyendo la verdad a través del testimonio, el amor y la memoria de quienes no están. Cualquiera de nosotros que estuviera en su lugar, estaría paralizado por el grado de sufrimiento insondable y la incomprensión que genera un acto de Estado como la desaparición forzada. Ellas en cambio, junto a sus familiares y organizaciones sociales que les acompañan, están todos los días en campo. Caminan, preguntan y buscan. Esta es una condición humana a la que a nadie debería obligársele a optar.

Todo ello debería bastar para entender que las concentraciones, marchas, protestas, ceremonias o actividades de búsqueda son indispensables para desafiar el negacionismo estatal. En estas se nombra a las personas desaparecidas para que estén presente y no desaparezcan de la memoria de quienes exigen que se les permita regresar a casa. Se expresan testimonios personales y exigencias a las instituciones responsables. Estas son acciones políticas. Es verdad, tienen la impronta moral del sufrimiento sin fondo. De ahí que a veces, el silencio, sea la mejor forma de seguir de pie. En momentos hay sentimientos de cólera, pero nuestro número finito de palabras no alcanzan para lograr expresiones del tamaño de esa atrocidad. Tampoco se puede odiar porque los enemigos no tienen rostro. Como la desaparición forzada es sistémica, la hacen posible, funcionarios estatales, policías, militares, forenses, empresas y “criminales”, esto es, para llevarla a cabo, se requiere de un nivel de organización, tanto técnica como logísticamente funcional, resulta ser un acto totalmente impersonal. De esta manera, recordando a Günter Anders, en una situación así se ha vuelto obsoleto el sentimiento del odio.
En los últimos días, en medio de la “rara fiesta del mundial de fútbol” ¿Qué queda por hacer? Continuar desafiando al negacionismo estatal para mantener viva la conciencia. ¿Por qué? Desde que la desaparición forzada en México llegó a ser habitual y desde luego, convertirse en la cifra de miles, esta crueldad se convirtió en un fenómeno inconmensurable. Aunque quisiéramos seguir viviendo como si nada pasara, sabemos que esta monstruosidad pertenece a nuestro mundo: “a cualquiera nos puede pasar”, repetimos en silencio. Es verdad, podemos seguir el negacionismo estatal bajo la ilusión de que vivimos una cotidianidad estable, pero ello nos llevará a distorsionar nuestra capacidad de sentir y de hacernos responsables. Luego, las posibilidades de acción menguarían encogiendo nuestro mundo a la soledad de sentirse “a salvo” pero al mismo tiempo en riesgo constante. Así, nada cambiará, no avanzaremos hacia un NUNCA MÁS en México, las madres batallarán más en su búsqueda y quedaremos a merced de un sufrimiento social que no tendrá fondo
¡Súmate al Boicot al Mundial en Guadalajara, Jalisco!
Mitin antimundialista el jueves 18 de junio a las 5:00 pm en el cruce de Juárez y la Calzada.
Actividades artísticas el martes 23 de junio a las 5:00 en El Parque Rojo.
Megamarcha el jueves 26 de junio a las 4:00 pm en La Glorieta de lxs desaparecidxs.
*Más información en Asamblea Popular de Jalisco (APJ)